Sin dirección, ni alpiste, ni papeles
A mediados de julio del año 2001, dos jóvenes, novios,
desaparecieron de su casa en Tarragona. Durante días, toda España estuvo
conmocionada por su ausencia, temiéndose lo peor. Sin embargo aparecieron sanos
y salvos, en la frontera con Portugal. Todo resultó ser una aventura “adolescente”.
Querían conocer el mar, juntos, y una mañana decidieron irse. Al volver, decían
que el mar no era tan lindo como lo imaginaban.
Esa desilusión es la que Sabina plasma en esta obra de arte.
Y no es casual, dado que fue su primer sencillo luego de su internación y
posterior depresión. Él se sintió identificado en estos jóvenes, Abelardo y
Eloísa como decidió nombrarlos, como aquella mítica pareja medieval.
“Despojate del añil, redil del alma de nardo con camisa” nos
dice. ¿Por qué esa aventura tiene que ser sólo adolescente? ¿por qué ante el
temor de salir derrotado no luchás?. Y si, se quedaron sin alas para volar, sin
posada, sin Escudos y sin visa, bucearon contra el Everest y se ahogaron, pero
siguen viendo la luz del faro, siguen soñando con la libertad.
Pájaros de Portugal es una de mis canciones favoritas desde
la primera vez que la escuché. Poesía pura. Es la mejor forma de entender lo
que sintieron aquellos aventureros. Es la mejor forma de entender lo que Joaquín
sentía.
Pájaros de Portugal
(Joaquín Sabina)
No conocían el mar
y se les antojó más triste que en la tele
pájaros de Portugal
sin dirección, ni alpiste, ni papeles
Él le dijo “vámonos”
“¿dónde?” le respondió llorando ella.
Lejos del altar mayor
en el velero pobretón de una botella
despójate del añil redil del alma
de largo con camisa
Devuélveme el mes de abril
Se llamaban Abelardo y Eloísa
arcángeles bastardos de la prisa
Alumbraron el amanecer muertos de frío
Se arroparon con la sensatez del desvarío
tuyo y mío de vuelta al hogar
qué vacío deja la ansiedad
qué vergüenza tendrán sus papás
Sin alas para volar
prófugos del instituto y de la cama
pájaros de Portugal
apenas dos minutos, mala fama
luego la Guardia Civil les decomisó
el sudor y la sonrisa
las postales de Estoril, sin posada,
sin escudos y sin Visa
Se llamaban Abelardo y Eloísa
Bucearon contra el Everest y se ahogaron
nadie les enseñó a merecer el amparo
de la virgen de la soledad
¡qué pequeña es la luz de los faros!
Bucearon contra el Everest y se ahogaron
nadie les enseñó a merecer el amparo
de la virgen de la soledad
¡qué pequeña es la luz de los faros!
de quien sueña con la libertad…



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